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martes, 9 de abril de 2013

La autopsia piscológica



La autopsia psicológica es una técnica de investigación que data de 1961, cuando fue postulada por Shneidman & Farberow; la meta era arrojar luz sobre muertes dudosas a través de un proceso de recolección de datos y posterior análisis en la vida del difunto.
En un primer momento, únicamente se destinaba a resolver causas de suicidio, aunque más tarde se extendió a las muertes subintenciondas, que son aquellas en las que, aún siendo hechos naturales, ha influido la personalidad, estado anímico del finado… Por ejemplo, el fallecimiento de la cantante Amy Winehouse, a consecuencia de una sobredosis. Las drogas causan la mayoría de las muertes equívocas. Cabe hacer la siguiente reflexión: Dónde está la frontera entre la autodestrucción consciente mediante la ingesta de sustancias y la dependencia física que causan éstas y que conducen al sujeto al resultado fatal.

El propio Shneidman describió cuatro formas de morir, a saber, la natural, accidental, suicidio y homicidio; a la vez que decía que entre el 5 y el 20% de las muertes que requerían estudio forense, no aclaraban el “modus operandi”; bien podían dilucidar la causa del fracaso vital, pero nada hablaban sobre los motivos de éste. Es ahí donde encontramos esas muertes subintencionadas o equívocas.

¿Cómo se realiza la autopsia psicológica?
Es de estructura abierta, realizando entrevistas con los familiares y personas que tuvieron un nexo común con el obitado. Se realiza de manera retrospectiva, obteniendo información sobre sus acciones, conducta, motivaciones, filosofía, posibles crisis existenciales…
Búsqueda de historia clínica, intentos suicidas previos (2/3 de las personas que se suicidan tienen intentos truncados o han sido diagnosticados con trastorno mental). Se otea en la historia escrita del individuo, historial penitenciario, policial, escolar, castrense, laboral, movimientos bancarios, información notarial o de propiedad… cualquiera al que se tenga acceso; sobre todo si ha sido escrita por el difunto.
Las entrevistas para obtener información deberán ser cognitivas, primado en ellas la búsqueda de conocimiento global y no un mero y frío cuestionario de elaboración previa.
La autopsia responde tres cuestiones angulares, por qué lo hizo, cómo murió y cómo fue el mecanismo que utilizó.

¿Qué podríamos incluir en una autopsia psicológica?
  1. Información de identificación.
  2. Pormenores de la muerte.
  3. Somera historia de la víctima.
  4. Casos similares en la familia.
  5. Personalidad y el estilo de vida.
  6. Posibles trastornos de personalidad.
  7. Cualquier evento traumático en el último año.
  8. Conductas adictivas.
  9. Relaciones personales.
  10. Sueños o fantasías.
  11. Patrones, hobbies, hábitos.
  12. Éxitos, planes, proyectos.
  13. Su papel en la vida.
  14. Características especiales.

¿Es necesario una autopsia psicológica?
Una muerte es siempre un suceso traumático, y preguntarse los porqués de la misma es algo natural e innato en el ser humano. Con esta técnica podemos responder con más fiabilidad a los motivos de la muerte de una persona. Podemos tener estadísticas más fiables que nos den información exacta sobre conductas de riesgo, motivaciones, enfermedades mentales.
La causa de la muerte interesa no solo a las personas que conviven con el fallecido, interesa al Estado, interesa la ciencia Estadística, y, aunque resulte grosero, importa a las aseguradoras (en las cláusulas de los seguros de vida, el suicidio está excluido el primer año, por lo tanto los familiares no perciben compensación dineraria alguna)

A modo de conclusión final, los suicidios en la actualidad son noticia. Desde las primeras muertes relacionadas con el drama de los desahucios, los medios de comunicación han roto ese pacto histórico de sustraer las muertes por suicidio de su parrilla informativa. En una era brutalmente politizada, todo vale para polarizar la información.
Está más que estudiado que la información de conductas suicidas tiene un poder penetrante y una fuerte carga de imitación en la sociedad; en 1974 el sociólogo David Phillips acuñó el término como “efecto Werther”.

En España el INE realiza estadísticas sobre el suicidio desde 1906. La última consulta abierta es la del año 2006, donde se suicidaron 1.806 personas.


Texto elaborado con la ayuda de los apuntes del profesor y psicólogo Pedro Briones



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