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martes, 26 de febrero de 2013

La delincuencia se estanca, los reos aumentan


En el período del 2004 a 2006 en España había una media de 142 presos por 100.00 habitantes (la cuarta más alta de Europa), la media de Europa era de 124 y en USA 960.

Si tomamos la referencia de una de las más importantes modificaciones del Código penal (1995), tenemos que desde su entrada en vigor en 1996,  había una población reclusa de 41.093 y en el año 2007, 67.100, un aumento del 79%.
Sin embargo, como afirmó el Fiscal General del Estado, en su memoria del año 2011, los delitos apenas subieron, tan solo un 0,7%.
Ante estos datos cabe hacerse la siguiente pregunta ¿Por qué sigue subiendo el número de presos en España?
Las penas han aumentado y se han creado nuevos delitos. En 1995 se eliminó la redención de penas por trabajo. Durante los años de burbuja inmobiliaria y sobre todo desde el 2001 la inmigración se disparó, legal e ilegal; y tal y como dice nuestro código penal, las penas superiores a 6 años se cumplen en España.
Tenemos como trasfondo, una suerte de Estado penal, desaforado en lo punitivo, que le da al pueblo penas más largas, atemperando así los casos más mediáticos.

Otro de los ítems que hacen aumentar esta cifra de penados es el menor uso de la institución de la libertad condicional (Cid 2008), que se adjudica por medio del sistema de individualización científica; representa así la última parte de la condena, el cuarto grado. Se otorga con discrecionalidad por Instituciones Penitenciarias, a tenor de la interpretación del art.90 del Código penal, que viene a decir que: a) se encuentre el penado en el tercer grado; b) extinción previa de ¾ partes de la condena; c) buena conducta y pronóstico favorable de reinserción, constatado mediante informe; d) Responsabilidad civil derivada del delito satisfecha.
El 25,81% de liberados condicionales en 1996 respecto a un 11,46% en 2008. Parece que impera el cumplimiento íntegro de la condena y  queda desmontada la leyenda urbana de que “en España entran por una puerta y salen por otra”.

¿Cuánto cuesta un preso al año, preocupa esto al Estado?
No hay cifras oficiales, el diario “libertad digital” publicó en 2009 que eran 154,79€ al día. En esta cantidad queda incursos desde el sueldo de los funcionarios, hasta el mantenimiento de los centros. Recientemente la generalitat de Catalunya retiró la merienda a los reos y las comidas extras por celebraciones.
Sin embargo el Estado quiere ir aún más lejos y tras la reciente Sentencia del TC, éste le deja la puerta abierta a cobrar por el menú y gastos hospitalarios, descontándolo de aquellos que gocen de alguna prestación o retribución.
Realmente se ha convertido en un problema económico el aumento de las penas y la menor aplicación de la libertad condicional.

Otro de los datos a observar en la población reclusa, es la equiparación del número de presos nacionales e inmigrantes; según datos del INE, en 2011 había en España 70.472 presos, siendo 24.502 extranjeros.
Para paliar la cifra de presos foráneos, que no deja de crecer cada año, la UE ha adoptado una serie de directivas para potenciar la colaboración judicial entre países. En España, estas medidas entraran en los últimos meses de 2013 y consistirán de manera sucinta en el  reconocimiento mutuo de sentencias judiciales; tal es así que se podrán reclamar a españoles que cumplen condena fuera de nuestras fronteras, en la actualidad 700, y hacer que los comunitarios, que son 4400, la cumplan en su estado natal. (según cifras del Ministerio de asuntos Exteriores).
Si el juez de vigilancia de un Estado pide que un condenado cumpla la pena en su país de
origen, este país tendrá que aceptarlo. A partir de 2014 la cooperación será obligatoria, no optativa, como lo es ahora. Los jueces tendrán acceso al historial delictivo de los detenidos para valorar la reincidencia en todo el terreno de la UE.

lunes, 4 de febrero de 2013

La teoría de los cristales rotos y el aumento de la delincuencia


Esta teoría criminológica viene a decir que los signos de desorden social favorecen la comisión de actos delictivos y que a su vez hacen aumentar la delincuencia.
Por desorden social entendemos la presencia en la vía pública de vendedores ilegales, drogadictos, prostitución, mendigos, jóvenes consumiendo alcohol…; también otros signos de alteración física, como vehículos abandonados, basura, edificios en estado de ruina, pintadas, suciedad…
Todos estos ítems crean una sensación de abandono, dejadez, o desidia que va calando en la ciudadanía y se transforma en el peligroso mensaje de que todo está permitido en esa ciudad, barrio, o entorno. Que nadie vigila, que nadie se hace cargo.

Este caldo de cultivo provoca entre los conciudadanos una sensación de inseguridad que lleva aparejada un menor contacto con la sociedad a la pertenece, o lo que es lo mismo, se tiende al aislamiento y evitar salir a la calle. Por lo tanto, esa prevención social innata que poseemos todos los seres humanos de proteger aquello que es nuestro se desvanece. (control social informal).
Cuando los signos de desorden social, se juntan con el control social informal bajo mínimos, la delincuencia crece de manera exponencial, pues se siente atraída por esa zona en la que parece que existe una ausencia de normas. Esos lugares descritos inician una peligrosa espiral de delincuencia y marginación sin solución de continuidad.
Las calles se quedan vacías y unas calles sin personas son calles inseguras (Jacobs 1995).

La ciudad contemporánea es un lugar con relaciones sociales fragmentadas, anónimas y superficiales que originan sentimientos de inseguridad y conflicto (Louis Wirth 1938) si a ello le restamos el control social informal, tenemos un cóctel explosivo de delincuencia e inseguridad pública.
La ciudad necesita de esos mil ojos que somos todos aquellos que cohabitamos en ella.

En España por Ministerio de la ley 7/85 de Bases de Régimen Local se estipula que las competencias de los municipios son: Seguridad en lugares públicos, salubridad pública, ordenación de tráfico y personas; promoción y gestión de parques y jardines, disciplina urbanística y servicios sociales, entre otros.
Por lo tanto, son la primera fuerza que debe luchar contra esos cristales rotos, previniendo el aumento de la delincuencia; aunque la competencia en seguridad pública la ostente el Estado.
La cuestión angular es, si debido a la crisis sistémica y económica que asola al país, las administraciones locales pueden verse tentadas en recortar en la prestación de servicios  que emanan de esas competencias.

En Estados Unidos, donde la delincuencia hace ganar o perder elecciones, y los propios ciudadanos eligen al Jefe de la Policía en comicios cada cuatro años, se hicieron eco de esta teoría.
En los años 90 la ciudad de Nueva York era un foco de criminalidad; su jefe de policía Willian Bratton creó una campaña llamada, “policía de calidad de vida” y atacó desde la raíz los actos de desorden social que reinaban en la ciudad, fue implacable incluso con aquellos que eran meras faltas administrativas que no habían sido de relevancia policial hasta la fecha. Instauró incluso las identificaciones aleatorias. La delincuencia descendió un 60%.

La teoría de los cristales rotos o de las ventanas rotas fue postulada por Wilson y Kelling 1982 y Coles 1996.